KRISHNAMURTI breve biografia



Jiddu Krishnamurti (12 de mayo, 1895 - 17 de febrero, 1986), nació en la ciudad de Madanapalle, Andhra Pradesh, India, fue sin duda una de las grandes luces espirituales del pasado siglo.

Fue descubierto en 1909, cuando aún era un adolescente por C.W. Leadbeater en la Sociedad Teosófica de Adyar en Madrás, India. Posteriormente fue adoptado y criado bajo la tutela de Annie Besant y C.W. Leadbeater dentro de la Sociedad Teosófica Mundial.

Cuando era joven rehusó a ser mesías de un nuevo credo y no aceptó ser tratado como un Maestro ni como una autoridad. Renunció a aceptar otra acción que no fuera la transformación espiritual de cada persona, sin sujeción a tradiciones ni a cambios preestablecidos. Esta actitud marca, tal vez, su sello más característico.

A partir de su distanciamiento con la Sociedad Teosófica, pasó el resto de su vida como conferencista y profesor, viajando por el mundo y enseñando sobre la mente humana.

Krishnamurti recibía a la gente que se acercaba a él y escuchaba sus preguntas. Su postura de negación de la autoridad espiritual o gurú como centro de conductor de la búsqueda religiosa y como intermediario entre el buscador de la verdad y la realidad misma, lanzaba toda la responsabilidad sobre el propio buscador. Solía decirles a quienes lo visitaban: "Lo real está cerca, uno no tiene que buscarlo. La verdad está en ‘lo que es’ y esa es su belleza."

No prometía tampoco éxtasis o explosiones de luz, ni visiones, ni poderes extrasensoriales para sustentar una búsqueda, sino más bien los desalentaba. Contaba que cuando era niño él tenia muchos poderes extrasensorios "la capacidad de leer el pensamiento o lo que estaba escrito en una carta sin abrir", y que también podía materializar objetos, tener visiones, predecir el futuro e, incluso, el don de curar. Pero argumentaba que todos esos fenómenos debían observarse y desecharse a medida que iban surgiendo. Sólo el despertar de una percepción viviente; ver y escuchar lo real tal como se revelaba en los pensamientos y sentimientos que eran el verdadero contenido de la mente.

Recibió la medalla de la paz de la ONU en 1984. A la edad de 90 años dio una conferencia en la ONU acerca de la paz y el conocimiento, un mes antes de su muerte en 1986, en Ojai, California.

Sus discípulos han fundado varias escuelas independientes en la India, Inglaterra y Estados Unidos, y tradujeron en varios idiomas muchos de sus discursos, publicándolos como libros filosóficos.

Vivir es la mayor revolución


La mente está presa en un molde; su existencia misma es el armazón dentro del cual funciona y se mueve. El molde es del pasado o del futuro, es desesperación y esperanza, contusión y utopía, lo que ha sido y lo que debería ser. Todos estamos familiarizados con esto. Querernos romper el viejo molde y sustituirlo por uno "nuevo", siendo el nuevo una modificación del viejo [...].

Queremos originar un mundo nuevo. Es imposible. Usted puede engañarse a sí mismo y a otros, pero a menos que el viejo molde se rompa por completo no puede haber una transformación radical. Pueden ustedes jugar con ello, pero no son la esperanza del mundo. La ruptura del molde, tanto del molde viejo como del así llamado nuevo, es de extrema importancia si de este caos ha de surgir el orden. Por eso es esencial comprender las modalidades de la mente [...].

¿Puede la mente estar sin un patrón, sin esta oscilación del deseo hacia atrás y adelante? Puede hacerlo, no hay duda. Tal acción implica vivir en el ahora.
Vivir en el ahora es vivir sin la esperanza, sin la preocupación por el mañana; no es desesperanza ni indiferencia. Pero nosotros no vivimos, estamos siempre persiguiendo la muerte ?el pasado o el futuro-. Vivir es la mayor revolución. El vivir no tiene moldes, pero la muerte sí: el pasado o el futuro, lo que ha sido o la utopía. Usted está viviendo para la utopía, y así invita a la muerte, no a la vida.

De "El libro de la vida"

Ver la totalidad


¿Cómo ve usted un árbol? ¿Ve la totalidad del árbol? Si no lo ve como algo total, no está viendo el árbol, en absoluto. Puede pasar de largo y decir: "¡Allí hay un árbol, qué hermoso es!", o "es un mango", o "no sé qué árboles son ésos; puede que sean tamarindos". Pero cuando se detiene y mira ?estoy refiriéndome a algo real, a hechos-, jamás ve la totalidad del árbol; y si no ve la totalidad, no ve el árbol. Lo mismo ocurre con la percepción alerta.

Si usted no ve la totalidad de las operaciones de su mente ?en el sentido de como ve el árbol-, no está alerta. El árbol se compone de raíces, tronco, ramas; las ramas grandes y las pequeñas y la muy delicada que resalta allá en lo alto; y las hojas, la hoja muerta, la hoja marchita y la hoja verde, la hoja comida, la hoja fea, la hoja que se está desprendiendo, el fruto, la flor; todo cuanto usted ve como una totalidad cuando mira el árbol.

De igual modo, en ese estado de ver las operaciones de su mente, en ese estado de percepción alerta, se revelan su sentido de condena, de aprobación, negación, lucha, futilidad, así como la desesperación, la esperanza, la frustración; la percepción alerta abarca todo eso, no sólo una parte. Así pues, ¿percibe usted su mente en ese sentido muy simple, como el de ver una pintura en su totalidad? No en ver tan sólo un ángulo de la pintura y decir: "¿Quién pintó ese cuadro?"

De "El libro de la vida"

La reencarnación


Averigüemos qué entiende usted por reencarnación la verdad de ello, no lo que le gusta creer, no lo que alguien le ha dicho o lo que su instructor le ha enseñado al respecto. Por cierto, es la verdad la que libera, no su propia conclusión personal, su propia opinión [...]. Cuando usted dice: "Yo renaceré", tiene que saber qué es el "Yo" [...].

El "Yo", ¿es una entidad espiritual, es algo continuo? ¿Es el "Yo" algo independiente de la memoria, de la experiencia, del conocimiento? El "Yo", o bien es una entidad espiritual, o es tan sólo un proceso de pensamiento. O es algo fuera del tiempo, algo que llamamos espiritual y que no es medible en términos temporales, o está dentro del campo del tiempo, de la memoria, del pensamiento. No puede ser otra cosa. Descubramos si está más allá de la medida del tiempo. Espero que esté siguiendo todo esto. Descubramos si el "yo" es, en esencia, algo espiritual. Por "espiritual" entendemos, ¿no es así?, algo no susceptible de ser condicionado, algo que no es una proyección de la mente humana, algo que no está dentro del campo del pensamiento, algo que no muere. Cuando hablamos de una entidad espiritual, es obvio que nos referimos a algo que no está dentro del campo de la mente. Entonces, ¿es el "Yo" una entidad espiritual semejante? Si lo es, debe estar más allá del tiempo; por lo tanto, no puede renacer ni continuar [...].

Lo que tiene continuidad jamás puede renovarse. En tanto el pensamiento continúe a través de la memoria, del deseo, de la experiencia, jamás podrá renovarse; en consecuencia, lo que continúa no puede conocer lo real.

De "El libro de la vida"

El propósito de la vida

Hay muchas personas que le indicarán a usted el propósito de la vida; le dirán lo que sostienen los libros sagrados. Personas ingeniosas seguirán inventando cuál es el propósito de la vida. La agrupación política tendrá un propósito, el grupo religioso tendrá otro propósito, y así sucesivamente. Entonces, ¿cuál es el propósito de la vida cuando uno mismo está confuso? Sólo cuando estoy confuso le formulo esta pregunta: "¿Cuál es el propósito de la vida?", porque espero que, en medio de esta confusión, encontraré una respuesta. ¿Cómo puedo encontrar una respuesta genuina cuando estoy confuso? ¿Comprende? Si estoy confuso, sólo puedo recibir una respuesta también confusa.

Si mi mente esta confundida, perturbada, si mi mente carece de belleza, de quietud, cualquiera sea la respuesta que yo reciba, pasará por esta pantalla de confusión ansiedad y miedo; por lo tanto, la respuesta estará desnaturalizada. En consecuencia, lo que importa no es preguntar: "¿Cuál es el propósito de la vida, de la existencia?", sino esclarecer la confusión que hay dentro de usted. Es como un hombre ciego que pregunta: "¿Qué es la luz?" Si le digo qué es la luz, él escuchará conforme a su ceguera, conforme a su oscuridad; pero suponga que él es capaz de ver; entonces jamás preguntara: "¿Qué es la luz?" La luz está ahí.

De igual manera, si usted puede clarificar su confusión interna, descubrirá cuál es el propósito de la vida; no tendrá que preguntar, no tendrá que buscarlo; todo cuanto tiene que hacer es liberarse de las causas que generan la confusión.


De "El libro de la vida"

El proceso de nuestro pensar


Supongamos que usted jamás hubiese leído un libro, religioso o filosófico, y tuviera que descubrir el sentido, el significado de la vida. ¿Cómo procedería al respecto? Suponga que no hubiese Maestros, ni organizaciones religiosas, ni el Buda, ni Cristo, y usted tuviera que empezar desde el principio, ¿cómo emprendería esa tarea? Ante todo, tendría que comprender su proceso del pensar, ¿no es así?, y no proyectarse a sí mismo, no proyectar sus pensamientos hacia el futuro, creando a un Dios de su agrado; eso sería demasiado infantil. Así que primero tendría que comprender el proceso de su propio pensar. Ése es el único modo de descubrir algo nuevo, ¿verdad?

Cuando decimos que el aprendizaje o el conocimiento es una traba, un obstáculo, no estamos incluyendo el conocimiento tecnológico ?cómo conducir un auto, cómo hacer funcionar una maquinaria- o la eficiencia que trae el conocimiento. Tenemos en mente algo muy distinto: ese sentido de felicidad creadora que ninguna cantidad de conocimiento o estudio puede traer consigo. Ser creativo en el más genuino sentido de esa palabra es estar libre de instante en instante, porque el pasado es lo que continuamente ensombrece el presente.

Aferrarse tan sólo a la información, a las experiencias de otros, a lo que alguien ha dicho, por importante que sea, y tratar de aproximar a eso la propia acción, todo ello es conocimiento, ¿verdad? Pero para descubrir algo nuevo, uno debe empezar por sí mismo; debe emprender un viaje, haciéndolo completamente desnudo, en especial de conocimientos, porque es muy fácil experimentar gracias a la creencia y al conocimiento; pero estas experiencias no son sino los productos de nuestra propia proyección y, por lo tanto, son completamente falsas, irreales.

De "El libro de la vida"

No podemos perseguir la felicidad


¿Qué entienden ustedes por felicidad? Algunos dirán que la felicidad consiste en obtener lo que deseamos. Uno desea un auto, lo obtiene y es feliz. Desea un sari o alguna otra indumentaria; deseo ir a Europa y, si puedo hacerlo, soy feliz.

Quiero ser el más grande de los políticos y, si lo consigo, soy feliz; si no lo consigo, soy desdichado. Así, lo que ustedes llaman felicidad es obtener lo que desean, el logro o el éxito, llegar a ser nobles; en una palabra, conseguir alguna cosa que desean. En tanto deseen algo y puedan obtenerlo, son perfectamente felices, no se sienten frustrados; pero si no pueden conseguir lo que desean, comienza la infelicidad. Esto es lo que nos interesa a todos, no sólo al rico y al pobre. Tanto el rico como el pobre desean obtener algo para sí mismos, para su familia, para la sociedad; y si algo les impide hacerlo, si algo les detiene, se sentirán desdichados.

No estamos discutiendo esto no decimos que los pobres no deberían tener lo que desean. Ese no es el problema. Estamos intentando descubrir qué es la felicidad y si la felicidad es algo de lo cual estamos conscientes. En el instante en que estamos conscientes de que somos felices, ¿es felicidad eso? Tan pronto tenemos conciencia de que somos felices, eso ya no es felicidad.
En el momento en que tenemos conciencia de que somos humildes, no somos humildes.
Así pues, la felicidad no es cosa que podamos perseguir: llega. Pero si la buscamos, nos evadirá.

De "El libro de la vida"

El perdón y la verdadera compasión


¿Qué es ser compasivo? Por favor, descubra por sí mismo, sondéelo, vea si una mente lastimada y que puede lastimar es capaz de perdonar alguna vez. ¿Puede hacerlo? Y una mente así, susceptible de ser lastimada, que está cultivando la virtud, que es consciente de ser generosa, ¿puede ser compasiva? La compasión, como el amor, es algo que no pertenece a la mente. La mente no tiene conciencia de que es compasiva, de que ama. Pero en el momento en que usted perdona conscientemente, la mente está haciendo que su propio centro se fortalezca en su herida psicológica. Por lo tanto, la mente que tiene conciencia de que perdona, jamás puede perdonar; no conoce el perdón; perdona con el fin de que no la lastimen más.

Es, pues, muy importante descubrir por qué la mente recuerda, por qué acumula. Lo hace porque está todo el tiempo buscando engrandecerse, crecer en importancia, ser alguna cosa. Cuando la mente está dispuesta a no ser cosa alguna, a ser nada, completamente nada, entonces, en ese estado hay compasión; en él no existe el perdonar ni puede uno lastimar o ser lastimado. Pero para comprender eso, uno tiene que comprender el desarrollo consciente del "yo" [...].
De modo que en tanto exista el consciente cultivo de cualquier influencia particular, de cualquier virtud especial, no puede haber amor ni compasión, porque el amor y la compasión no son el resultado del esfuerzo consciente.

De "El libro de la vida"

Percibir la muerte


Tenemos miedo de morir. Para terminar con el miedo a la muerte debemos entrar en contacto con la muerte, no con la imagen que el pensamiento ha creado de la muerte, sino que de verdad debemos percibir el estado de muerte. De lo contrario no hay final para el miedo, porque la palabra muerte genera miedo, y ni siquiera queremos hablar de ella.

Siendo sanos, normales, capaces de razonar claramente, de pensar con objetividad, de observar, ¿es posible para nosotros entrar totalmente en contacto con el hecho de la muerte? El organismo, a causa del uso, de la enfermedad, finalmente morirá. Si estamos sanos, queremos descubrir qué significa la muerte. No es un deseo morboso, porque quizás al morir comprenderemos el vivir. El vivir, tal como es ahora, implica tortura, continuo desorden contradicción; por lo tanto, hay conflicto, confusión y desdicha. El diario acudir a la oficina, la repetición del placer, con sus penas y su ansiedad, el andar a tientas, la incertidumbre, eso es lo que llamamos el vivir. A ese tipo de vivir nos hemos acostumbrado. Lo aceptamos; envejecemos con él y morimos.

Para descubrir qué es el vivir, así como para descubrir qué es el morir, uno debe entrar en contacto con la muerte; esto es, uno debe terminar cada día con todo lo que ha conocido. Debe terminar con la imagen que ha elaborado respecto de sí mismo, de su familia, de sus relaciones, la imagen que ha formado a causa del placer, de su relación con la sociedad, con todo. Eso es lo que va a suceder cuando la muerte ocurra.

De "El libro de la vida"

La oración


Como todos los problemas humanos profundos, la oración es un asunto completo que no puede ser tratado a la ligera requiere paciencia, investigación cuidadosa y tolerante, y uno no puede exigir conclusiones y decisiones definidas. Sin comprenderse a sí mismo, aquel que reza puede, por obra de su misma oración, verse conducido al autoengaño.

A veces escuchamos decir a la gente, y algunas personas me lo han dicho, que cuando rezan por cosas mundanas dirigiéndose a lo que ellas llaman Dios, sus plegarias les son a menudo otorgadas. Si tienen fe, y según sea la intensidad de su plegaria, lo que busca salud, bienestar, posesiones mundanas ?finalmente lo obtienen.

Si uno se entrega a la oración suplicante, ésta trae su propia recompensa; la cosa que uno pide le es a menudo concedida, y esto da fuerza a súplicas futuras. Después, está la oración no por cosas o por personas, sino por experimentar la realidad, Dios, la cual también es frecuentemente respondida; y existen aún otras formas de oración suplicante, formas más sutiles y tortuosas, pero, con todo, son oraciones que suplican, imploran, ofrecen. Todas estas oraciones, estas plegarias, tienen su propia retribución, traen sus propias experiencias, pero ¿conducen a la realización de la realidad suprema?

¿No somos, acaso, el producto del pasado, y no estamos, por ende, relacionados con el enorme depósito de codicia y odio, así como de sus opuestos? Ciertamente, cuando hacemos una petición, u ofrecemos una plegaria suplicante, estamos dirigiendo un llamado a este depósito de codicia acumulada etcétera el cual trae realmente su propia retribución, y tiene su propio precio [...]. La súplica a otro, a algo externo, ¿da origen a la comprensión de la verdad?

De "El libro de la vida"

Muerte y renovación


Cuando hablamos de una entidad espiritual, entendemos con ello algo que no está dentro del campo de la mente, es obvio. Ahora bien, el "Yo", ¿es una entidad espiritual? Si es una entidad espiritual, debe estar más allá de todo el tiempo; por lo tanto, no puede renacer ni continuar.

El pensamiento no puede pensar en ella, porque el pensamiento está dentro de la medida del tiempo, el pensamiento proviene del ayer, es un movimiento continuo, la respuesta del pasado; así pues, el pensamiento es, en esencia, un producto del tiempo. Si el pensamiento puede pensar acerca del "yo", éste forma parte del tiempo; en consecuencia, el "yo" no está libre del tiempo y, por ende, no es espiritual, lo cual resulta evidente.

De modo que el "Yo" es tan sólo un proceso del pensamiento; y usted quiere saber si ese proceso del pensamiento, continuando aparte del cuerpo físico, nace nuevamente, se reencarna en una forma física. Ahora avancemos un poco más. Aquello que continúa, ¿puede, en modo alguno, descubrir lo real, lo que está más allá del tiempo y la medida? Ese "Yo", esa entidad que es un proceso del pensamiento, ¿puede alguna vez ser nuevo? Si no puede, entonces tiene que haber una terminación para el pensamiento.

¿Acaso no es inherentemente destructiva toda cosa que continúa? Aquello que tiene continuidad jamás puede renovarse. En tanto el pensamiento continúe a través de la memoria, del deseo, de la experiencia, jamás podrá renovarse; por consiguiente, lo que es continuo no puede conocer lo real. Puede usted renacer mil veces, pero jamás podrá conocer la real, porque sólo aquello que muere, que llega a su fin, puede renovarse.

De "El libro de la vida"

Muerte e inmortalidad

Por cierto, en el morir hay renovación, ¿no es así? Sólo en la muerte algo nuevo surge a la existencia. No le estoy brindando consuelo. Esto no es algo en lo que pueda creer o pensar, o que pueda examinar y aceptar intelectualmente, porque entonces lo convertirá en otro consuelo, tal como ahora cree en la reencarnación o en la continuidad en el más allá, etcétera. Pero lo real es que, para aquello que continúa, no hay renacimiento, no hay renovación.

Por lo tanto, la renovación, el renacimiento está en el morir de cada día. Eso es la inmortalidad. En la muerte está la inmortalidad; no en la muerte que usted teme, sino en la muerte de las conclusiones previas, de los recuerdos, de las experiencias, con todo lo cual usted se ha identificado como el "yo". En el morir del "yo" a cada instante hay eternidad, hay inmortalidad, hay algo que ha de experimentarse; no es para que se especule o se diserte al respecto, como hacen ustedes con la reencarnación y toda esa clase de cosas [...].

Cuando uno ya no tiene miedo, porque hay un morir a cada instante y, por lo tanto, una renovación, entonces se halla abierto a lo desconocido. La realidad es lo desconocido. La muerte es también lo desconocido. Pero decir que la muerte es bella, maravillosa, porque continuaremos en el más allá y toda esa insensatez, carece de realidad. Lo real es ver la muerte tal como es: un final, un final en el que hay renovación, renacimiento, no una continuidad. Porque aquello que continúa se deteriora, y lo que tiene el poder de renovarse a sí mismo es eterno.

De "EL libro de la vida"

Mente religiosa y mente científica


Una mente religiosa está libre de toda autoridad. Y es extremadamente difícil estar libre de toda autoridad, no sólo de la autoridad impuesta por otro, sino también de la autoridad que implica la experiencia que uno ha reunido, la cual pertenece al pasado y es la tradición. La mente religiosa no tiene creencias ni dogmas, se mueve de hecho en hecho; por lo tanto, la mente religiosa es la mente científica. Pero la mente científica no es la mente religiosa. La mente religiosa incluye a la mente científica, pero la mente adiestrada en el conocimiento de la ciencia no es una mente religiosa.

Una mente religiosa se interesa en la totalidad ?no en una función determinada, sino en el funcionamiento total de la existencia humana-. El cerebro se ocupa de una función en particular, se especializa. Funciona en la especialización como científico, médico, ingeniero, músico, pintor, escritor. Estas técnicas especializadas, limitadas, crean división, no sólo internamente sino en lo externo. El científico es probablemente considerado, hoy en día, como la persona más importante requerida por la sociedad, tal como lo es el médico. De este modo, la función adquiere suma importancia, y la función viene acompañada por la posición, la cual es prestigio. Así pues, donde hay especialización tiene que haber contradicción y limitación mental, y ésa es la función del cerebro.

De "El libro de la vida"

Una mente joven

Pienso que el esfuerzo constante por ser alguna cosa, por llegar a ser esto o aquello, es la verdadera causa de destrucción y envejecimiento de la mente. Mire con cuánta rapidez envejecemos, no sólo las personas que han pasado los sesenta años, sino también la gente joven. ¡Qué viejos están ya, mentalmente, los jóvenes!

Muy pocos sostienen o conservan la calidad de una mente joven. Entiendo por joven no la mente que tan sólo desea divertirse, pasarlo bien, sino la mente incontaminada, que no está dañada, falseada, deformada por los accidentes o incidentes de la vida, una mente no desgastada por la lucha, la pena, los esfuerzos constantes. Por cierto, es indispensable tener una mente joven, porque la vieja mente está tan llena de cicatrices de recuerdos, que no puede vivir, no puede ser seria; es una mente muerta, una mente que ya ha decidido y vive conforme a sus decisiones; una mente así está muerta. Pero una mente joven está siempre decidiendo de nuevo y no se carga de innumerables recuerdos. Una mente que no lleva consigo ni un vestigio de sufrimiento, aunque pueda pasar por el valle del dolor, permanece indemne [...].

No creo que una mente joven como ésa pueda adquirirse. No es cosa que usted pueda obtener mediante el esfuerzo, el sacrificio. No hay moneda para comprarla, no es algo comerciable; pero si ve la importancia de una mente así, si ve su necesidad, su verdad, entonces tiene lugar algo diferente.

De "El libro de la vida"

No existe la libertad de pensamiento

No sé si está claro para cada uno de nosotros, que vivimos en un estado de contradicción. Hablamos de paz, y nos preparamos para la guerra. Hablamos de no-violencia, y somos fundamentalmente violentos. Hablamos de ser buenos, y no lo somos. Hablamos de amor, y estamos llenos de ambición, espíritu competitivo, despiadada eficiencia. Hay, pues, contradicción. La acción que surge de esa contradicción no hace sino generar frustración y más contradicciones [...].

Vea, señor, todo pensamiento es parcial, jamás puede ser total. El pensamiento es la respuesta de la memoria, y la memoria es siempre parcial, porque es el resultado de la experiencia; de modo que el pensamiento es la reacción de una mente condicionada por la experiencia. Todo pensar, toda experiencia, todo conocimiento son inevitablemente parciales; por lo tanto, el pensamiento no puede resolver los muchos problemas que tenemos. Usted podrá tratar de razonar lógicamente, sensatamente, acerca de estos problemas, pero si observa su propia mente verá que su pensar está condicionado por sus circunstancias, por la cultura en que ha nacido, por los alimentos que ingiere, por el clima en que vive, por los diarios que lee, por las presiones e influencias de su vida cotidiana [...].

Debemos, pues, comprender muy claramente que nuestro pensar es la respuesta de la memoria, y la memoria es mecánica. El conocimiento es siempre incompleto, y todo pensar nacido del conocimiento es parcial, limitado, jamás es libre. No existe, pues, la libertad de pensamiento. Pero podemos empezar a descubrir una libertad que no es un proceso del pensamiento, y en la cual la mente está alerta a todos sus conflictos y a todas las influencias que hacen impacto en ella.

De "El libro de la vida"

EL intelecto y los problemas


La mayoría de nosotros es muy indiferente a este extraordinario universo que nos rodea; jamás vemos el ondear de la hoja en el viento, jamás observamos una brizna de hierba, ni la tocamos para percibir la calidad de su ser. Esto no tiene la intención de ser sólo poético, así que, por favor, no escapen hacia un estado especulativo, emocional. Digo que es esencial tener este sentimiento profundo por la vida y no quedar preso en discusiones y ramificaciones intelectuales, en la aprobación de exámenes, en citar a otros y descartar algo nuevo arguyendo que ya ha sido dicho antes. El intelecto no es el camino, no resolverá nuestros problemas; el intelecto no nos nutrirá con aquello que es imperecedero.

El intelecto puede razonar, discutir, analizar, partir de inferencias para llegar a una conclusión, etc., pero el intelecto es limitado, porque es el producto de nuestro condicionamiento. Pero la sensibilidad no lo es. La sensibilidad no está condicionada; lo saca a uno directamente fuera del campo de los temores y las ansiedades [...]

Empleamos nuestros días y nuestros años en cultivar el intelecto, en argumentar, discutir, pelear, luchar por ser "alguien", etcétera, a pesar de este mundo extraordinariamente maravilloso y de esta Tierra tan rica ?no la tierra de Bombay, de Punjab, no la tierra rusa o la norteamericana-; esta Tierra es nuestra, es suya y mía; y no se trata de un disparate sentimental, se trata de un hecho. Pero, desafortunadamente, la hemos dividido a causa de nuestra mezquindad, de nuestro provincialismo.

Y sabemos bien por qué lo hemos hecho: por nuestra seguridad, para obtener más y mejores empleos. Ése es el juego político que practican en todo el mundo, y así es como nos olvidamos de ser seres humanos, de vivir dichosamente en esta Tierra que es nuestra, y de hacer algo por ella.

De "El libro de la vida"

La felicidad que no es de la mente


Podemos movernos de un refinamiento a otro, de una sutileza a otra, de un disfrute a otro; pero en el centro de ello está el "yo", el "yo" que disfruta, que desea más felicidad, el "yo" que escudriña, que busca, que anhela la felicidad, el "yo" que lucha, el "yo" que se torna más y más refinado, pero al que jamás le agrada llegar a su fin. Sólo cuando el "yo" en todas sus formas sutiles llega a su fin, hay un estado de bienaventuranza que no es posible tratar de adquirir, un éxtasis, un verdadero júbilo libre de todo sufrimiento, de toda corrupción [...].

Cuando la mente trasciende el pensamiento del "yo", del experimentador, del observador, del pensador, puede haber, entonces, una felicidad incorruptible. Tal felicidad no puede ser permanente ?en el sentido con que usamos esa palabra-. Pero nuestra mente está siempre buscando una felicidad que tenga permanencia, algo que perdure, que continúe. El deseo mismo de continuidad es corrupción [...].

Si podemos comprender el proceso de la vida, comprenderlo sin condenar, sin decir que es bueno o malo, entonces surge una felicidad creadora que no es "suya" ni "mía". Esa felicidad creadora es como la luz del Sol. Si usted desea conservar la luz del Sol para sí mismo, ése ya no es más el claro, cálido Sol dador de vida. De igual manera, si desea la felicidad porque está sufriendo o porque ha perdido a alguien o porque no ha tenido éxito, entonces eso es tan sólo una reacción. Pero cuando la mente puede ir más allá, hay una felicidad que no pertenece a la mente.

De "El libro de la vida"

El verdadero revolucionario


La verdad no es para aquellos que son respetables, ni para aquellos que deseen su propia expansión, su propia realización. La verdad no es para los que están buscando seguridad, permanencia, porque la permanencia que buscan no es sino lo opuesto de la impermanencia. Estando atrapados en la red del tiempo, buscan lo permanente, pero lo permanente que buscan no es lo real, ya que es producto de su pensamiento.

Por lo tanto, el hombre que quiera descubrir la realidad, debe dejar de buscar, lo cual no quiere decir que deba contentarse con lo que es. Por el contrario, un hombre empeñado en el descubrimiento de la verdad, debe ser internamente un revolucionario completo.

No puede pertenecer a ninguna clase social, a ninguna nación, a ningún grupo, a ninguna ideología o religión organizada, porque la verdad no se encuentra en el templo ni en la iglesia, no puede hallársela en las cosas hechas por la mano o por la mente.

La verdad se manifiesta sólo cuando las cosas de la mano o de la mente son puestas a un lado, y poner a un lado las cosas de la mano o de la mente no es una cuestión de tiempo.

La verdad llega a quien está libre del tiempo, a quien no usa el tiempo como un medio de expansión propia. El tiempo implica memoria del ayer, memoria de mi familia, de mi raza, de mi carácter particular, de la acumulación de experiencias propias que componen el "yo" y "lo mío".

De "El libro de la vida"

El karma


El karma implica causa y efecto, ¿no es así? La acción basada en una causa produce determinado efecto; la acción nacida del condicionamiento produce resultados ulteriores. Es decir, causa y efecto. Ahora bien, la causa y el efecto, ¿son estáticos, son siempre fijos? El efecto, ¿no se convierte también en causa? No hay, pues, causa o efecto fijos. El hoy es un resultado del ayer, ¿verdad? Lo es tanto cronológica como psicológicamente; y el hoy es la causa del mañana.

De modo que la causa es efecto y el efecto se vuelve causa; es un solo movimiento continuo... no hay causa fija o efecto fijo. Si hubiera causa fija y un efecto fijo, habría especialización, y ¿no es muerte la especialización? Cualquier especie viviente que se especializa llega a su fin, es obvio. La grandeza del hombre es que no puede especializarse. Una semilla de bellota está especializada, no puede ser otra cosa que lo que es. Pero el ser humano no termina de completarse.

Existe una constante posibilidad de renovación; la especialización no lo limita. En tanto consideremos la causa, el trasfondo, el condicionamiento, como independiente del efecto, tiene que haber conflicto entre el pensamiento y el trasfondo. En consecuencia, el problema es mucho más complejo que si creemos o no creemos en la reencarnación, porque la cuestión es cómo actuar, no si uno cree en la reencarnación o en el karma. Eso está absolutamente fuera de lugar.

De "El libro de la vida"

El júbilo

Muy pocos de nosotros disfrutamos plenamente de algo. Es muy pequeño el júbilo que nos despierta la visión de una puesta del sol, o ver a una persona atractiva, o a un pájaro en vuelo, o un árbol hermoso, o una bella danza. No disfrutamos verdaderamente de nada. Miramos algo; ello nos entretiene o nos excita, tenemos una sensación que llamamos gozo. Pero el disfrute pleno de algo es mucho más profundo, y esto debe ser investigado y comprendido [... ].

A medida que envejecemos, aunque queremos disfrutar de las cosas, lo mejor ya nos ha abandonado; deseamos deleitarnos con otra clase de sensaciones: pasiones, lujuria, poder, posición. Aunque sean superficiales, éstas son las cosas normales de la vida; no son para ser condenadas ni justificadas, sino que debemos comprenderlas y darles su exacto lugar. Si uno las condena por carentes de valor, por sensuales, estúpidas o poco espirituales, destruye todo el proceso del vivir...
Para conocer el júbilo, uno debe ir mucho más a lo profundo. El júbilo no es mera sensación. Requiere un refinamiento extraordinario de la mente, pero no el refinamiento del "yo" que acumula más y más para sí mismo. Un "yo" así, un hombre así, jamás podrá comprender este estado de regocijo en el que no existe el "uno" que se regocija. Tenemos que comprender esta cosa extraordinaria; de lo contrario, la vida se vuelve muy trivial, superficial, mezquina: nacer, aprender unas cuantas cosas, sufrir, engendrar hijos, asumir responsabilidades, ganar dinero, tener un poco de entretenimiento intelectual y después morirse.

De "El libro de la vida"